¿CREAR UN RECUERDO?

Cuando percibimos un estímulo, éste se convierte en memoria sensorial. Si le prestamos atención, accede a nuestra memoria a corto plazo (MCP). Finalmente, en función de si repetimos o usamos esa información, puede convertirse en un recuerdo de nuestra memoria a largo plazo (MLP) o caer en el olvido.

Podríamos decir que cada fase de almacenamiento de nuestra memoria – sensorial, corto plazo (MCP) y largo plazo (MLP) – nos permite filtrar una enorme cantidad de información.

Palabrejas raras: La memoria a largo plazo (MLP) es un tipo de memoria que almacena recuerdos por un tiempo que puede ser desde unos días hasta incluso décadas o indefinidamente.

Imaginemos que la memoria a largo plazo (MLP) es como el desgaste de nuestros pasos en una alfombra. La primera vez que pisemos la alfombra, nuestras huellas permanecerán por un tiempo limitado. Sin embargo, cuantas más veces andemos el mismo camino sobre la alfombra (repetición), más duradero y profundo será el patrón de la huella neuronal (MLP).

  • Si repites, creas memoria

¿Como se almacenan los recuerdos a largo plazo?

Los recuerdos a largo plazo se almacenan en una compleja red neuronal que incluye diferentes aspectos de un mismo recuerdo, como por ejemplo aspectos visuales o auditivos. Imagina que tienes que recordar una fresa. Tu memoria almacenará esa fresa en diferentes áreas o “cajones”: el cajón “color rojo”, el cajón “sabor dulce” y el cajón “olor silvestre”.

¿Como se recuperan estos recuerdos?

Recordar implica acceder a un recuerdo previamente almacenado. Para ello es mejor replicar el patrón de actividad que ocurrió cuando creamos ese recuerdo. El éxito de esta tarea dependerá de la fuerza de las redes neuronales y de las pistas de recuperación. Estas últimas se basan en la asociación de significados y permiten que el recuerdo pueda recuperarse con facilidad. Pensemos por ejemplo en el anillo de boda que llevamos puesto, ejerce como una pista o recuerdo de lo que ocurrió.

Lo tengo en la punta de la lengua!”. Todos hemos tenido esa sensación de estar muy cerca de una palabra pero sin conseguir dar con ella. Tenemos una idea de como suena, nos vienen a la cabeza palabras que suenan parecido o que tienen un significado similar, pero no conseguimos encontrarla. Según un estudio de Koriat y Lieblich (1974), es posible no recordar la palabra pero sí saber como suena su inicio, o cuantas sílabas tiene. Este fenómeno, llamado “punta de la lengua” (PDL) es un buen ejemplo de la importancia de unas redes neuronales fuertes, que permitan recordar fácilmente. También es una prueba más de que la información se almacena en diferentes “cajones”, como hemos visto con el recuerdo de la fresa.

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Referencias

Koriat, A., & Lieblich, I. (1974). What does a person in a “TOT” state know that a person in a “don’t know” state doesn’t know. Memory & Cognition, 2, 647–655.

Luria, A (2009). Pequeño libro de una gran memoria: la mente de un mnemonista. Oviedo, España: KRK Ediciones.

Verrusio, W., Ettorre, E., Vicenzini, E., Vanacore, N., Cacciafesta, M., & Mecarelli, O. (2015). The Mozart Effect: A quantitative EEG study. Consciousness and Cognition35, 150–5. http://doi.org/10.1016/j.concog.2015.05.005

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